Cuatro Cuestas Gravel 230 #thegoodchallenge

Mi abuela me decía ayer… “Un día te vas a arrepentir de andar tanto en bicicleta”.

Cuatro cuestas Gravel 230. #thegoodxspecialized

3:00 hrs de la mañana del sábado y ya estábamos en pie, desayuno rápido, café obvio y en un estado que el cuerpo no entiende mucho, estábamos camino a Curacaví. El plan era partir a las 5 am para tener aproximadamente 13 horas de luz para cumplir este desafío. 

5:15 hrs de la mañana, éramos tres, 2 ebikes y 1 análoga, se hablaba poco, había algo de nerviosismo, algo de susto y ansiedad. Se prenden las luces de las bicis y partimos, no habían autos, ni kioskos, ni personas, éramos sólo nosotros alumbrando la carretera con nuestras pequeñas luces. No había tenido la oportunidad de rutear de noche y fue muy distinto a lo que me esperaba, ese silencio total y poca noción del entorno es muy particular. Hablábamos poco en el primer tramo, íbamos adaptándonos al ritmo, a la temperatura, al peso de las bicis y a la noche. Pero claro, no duró mucho, kilómetro 15 y tenemos un doble pinchazo en una bici, aquí es donde sentimos la noche completamente, sin mucha luz para alumbrar lo que hacíamos, los pocos autos que pasaban, pasaban rajados y cuando para el frío empieza a aparecer. Una parada relativamente rápida para dos pinchazos y estábamos de nuevo en la ruta, camino a la primera cuesta, Ibacache.   

Alrededor de las 6:30 de la mañana estábamos subiendo la primera cuesta, de noche completamente y esto fue muy entretenido porque veíamos luces aparecer y desaparecer en el cerro, por las curvas del camino. Aquí nos pasaron dos camiones gigantes, a fondo, iluminados completos, parecían verdaderas cuncunas haciendo las curvas del camino y veíamos cómo subían la cuesta. Mientras nuestro ritmo parejo, sin apretar, sin gastar de más, comiendo ordenados cada 30 minutos y tomando agua, todo esto se mantuvo durante todo el día. Esta cuesta tiene una especie de doble cumbre, la primera tiene una pendiente cómoda, la segunda no tanto, pero para partir el día es un muy buen calentamiento. A esta hora ya nos habíamos acostumbrado a andar de noche y también ya estábamos más conversadores. 

Bajando Ibacache había que tomar un camino a la derecha que nos dirigiría hacia la playa, la zona de Las Cruces. Un camino interior muy bonito, angosto pero te lleva por una zona intermedia entre la cordillera de la costa y la playa, esto hasta conectar con la carretera que une Algarrobo y San Antonio. Hasta ahora sin paradas, buen ritmo y al fin nos acercamos a un camino de tierra, el primero del día. Sin antes pasar un susto en la carretera, iba sin manos tratando de subir un reporte en ruta y pasó un camión muy rápido que me movió con el viento la bicicleta, por suerte justo pude agarrarla y no irme al suelo.

Entramos a la tierra y parecía haber caído algo de agua hace poco, lo que tenía el camino exquisito y se podía rodar muy rápido, pararse bien en los pedales y disfrutar de la tierra! Al entrar salieron unos "wujuuu" y "al fin" naturales, básicamente es lo que buscábamos. Recorrimos todo el borde costero sin bajar a la playa, por camino arriba de Las Cruces, El Tabo, Isla Negra, entre otros, hasta que conectamos con la carretera de Algarrobo. Y por fin vimos el mar por primera vez en el día, una sensación única, cursi, pero el relajo mental de ver el mar, escucharlo, el aire siempre será impagable, sobre todo en invierno, sin gente. 

Creo que por lejos ha sido el café más lento en prepararse que he tomado, nos quedaba mucho y aunque era temprano sabía que el día era largo y que llevábamos recién una cuesta de cuatro, por lo que el kilometraje poco importaba si aún quedaba mucha subida. Café a la vena, y estábamos de nuevo rodando, pasando por Mirasol, el Yeco, entre otros. Todo esto para llegar al premio del día, la Playa de Tunquén. 

Llegamos por un camino de tierra a un farellón costero, que tiene un sendero para llegar a la playa desde el sur de Tunquén, en donde las ganas de bajar andando se multiplicaban pero el foco era otro y no había para qué arriesgar nada, sólo avanzar por que el objetivo estaba lejos. Unos minutos caminando con la bici, un momento de pausa mirando el mar en la playa y a seguir porque llegaba la segunda y más ruda cuesta del desafío, la subida de Tunquén. 

Debe ser si no es la más dura, de las subidas más duras que he hecho, es corta pero no suelta en un tramo que duele y mucho, pero hay que pasarla, no hay pulso que mirar ni watts que controlar, sólo hay que sacarla, aguantarla y seguir. Se descontrola todo por una hora, se sufre pero se logra, se acaba y todo sigue bien, avanzando por un valle entre la playa y Pitama, repechos, bajadas, planos, pueblitos y finalmente después de saludas en Bienestar Pitama conectamos con la ruta 68 donde tocaba parar a un kiosko a comer algo salado. 

Camino hacia Quilpué por el camino Lo Orozco, ya nos acercamos de nuevo a la tierra, lo que siempre era positivo, pero la cuesta era larga, "la M" le dicen. Sobre por que se empieza a subir desde el camino Lo Orozco hacia arriba, unos 20 kilómetros hasta la parte superior de la cuesta, en este punto habíamos tenido que tomar algunas decisiones de baterías de las Ebike que condicionan algunas cosas pero ya estábamos ahí y no había vuelta atrás.

Llegamos finalmente a la cuesta y para sorpresa, no sabría decir si positiva o negativa, ésta la empezaron a pavimentar, el principio y segmento más duro ya es de cemento y el final también, esto me generó sentimientos encontrados, pues esto ayuda a cuidar un poco las piernas por que el primer tramo era durísimo, pero a vez queremos más Gravel, más Gravel y se nos acaba lentamente. Esta cuesta la sorteamos bien, de ánimo, de ritmo, algo atrasados de horario pero no era grave, pues teníamos luces para terminar de noche así que avanzamos a ritmo parejo. Una anécdota de esta cuesta fue la bolsa de pan que a alguien se le cayó, era grande y habían algunos en la tierra pero otros adentros, dos cosas pensé en ese momento: a alguien lo van a retar por no llegar con el pan a la hora del té y lo otro, fue que estuve a punto de agarrar ese pan y comerlo jajajajajaja, pero todo esto era entretención para la cabeza mientras seguíamos subiendo y no queríamos parar. Finalmente coronamos la cuesta y quedaban algunos kilómetros rápidos hasta el El Molino. 

Ya en el Molino paramos en el clásico Kiosco musical, un clásico, tiene un parlante gigante siempre poniéndole onda al barrio, depende de quien está atendiendo qué música toca, si está la mamá le trae Boleros, si están las hijas les trae reggaeton o trap, nos tocó la segunda. Agua, papas fritas y a cerrar el día. Marcos en este momento ya venía sin batería y Andrew con lo justo, así que todo podía pasar, quedaba la cuesta del Cerro Viejo, que no es la más dura pero hay que subirla igual, si bien la Creo Evo  pedalea perfecto apagada, la relación de cambios es subida no era fácil. Marcos partió antes para avanzar y para sorpresa recién lo encontramos en la cumbre, sin problemas y a pura cabeza estaba listo para los últimos 50 kilómetros, de los que quedaban 12 kilómetros de tierra. Bajando avanzamos hacia el camino del toro, que nos llevaría hasta Curacaví y luego a Millahue donde habíamos dejado el auto.

Ruteo del bueno en el camino del Toro y el atardecer, no de esos para las fotos, diferente, muy nublado pero con una luz de atardecer, Andrew ya sin batería sacaba power de no sé dónde para hacer fotos con esa luz, nosotros avanzamos para lograr cerrar el día, poca conversa, muy poca, la cabeza ya pensaba en cerrar. Prendemos las luces y pasamos por afuera de la @cerveceriakross saludando con ganas de quedarnos ahí, pero no podíamos, quedaban menos de 20 kilómetros. Tomamos la nueva ciclovía del camino y conectamos con la ruta local de la 68, entramos a Curacaví y ya estábamos, disfrutamos del pueblo y su taco de sábado por la tarde, buscábamos sopaipillas, que nunca encontramos y salíamos de Curacaví para los últimos 5 kilómetros en la cafetera de la 68, completamente oscura, lo que nos trajo un flashback de cómo partió el día. 

Finalmente el auto estaba ahí, terminaban las 15 horas de viaje, el Challenge era nuestro una vez más y las sonrisas de cansancio abundaban, sacarse el casco, cambiarse de ropa y abrigarnos. Abrazos, puños, risas, estiramientos y felicidad, para terminar un día que quedará en nuestra cabeza para siempre. Otra vez al igual que en el Durazno esa sensación de lograr algo para nosotros mismos, sin meta, sin público sin medallas es inigualable, me llega a dar risa algunas veces diciendo "quién nos manda…".

La mención honrosa para Andrew, una máquina, no se si hay muchos fotógrafos que se podrían mandar estos azotes, acompañando, conversando, animando y disfrutando junto a nosotros, sobre todo trabajando todo el camino, realmente un crack abajo y arriba de la bici, que hace posible que estos recuerdos tengan imágenes increíbles. 
Andrew

Todo esto es posible gracias a @specialized_chi que nos banca estas locuras, a nuestras familias que nos bancan el día a día y el día después de cada una de estas, también a las marcas que nos apoyan. 

Kross

Skull

Orange Seal

Galfer

Un abrazo grande, espero disfruten estos relatos y cada locura que se nos ocurra.